Movistar Estudiantes tenía ante sí la oportunidad de encauzar la situación en Europa (pudiendo empezar a distanciarse del quinto puesto de su grupo en BCL) y seguir sumando para, quien sabe, poder tener opciones reales de participar en la próxima edición de la Copa del Rey, a la que acceden los ocho primeros clasificados de la Liga Endesa al término de la primera vuelta de la liga.

Y como viene siendo tradición, se perdieron los dos partidos con finales parecidos aunque con un desarrollo totalmente distinto. El Banvit turco fue el verdugo europeo y Herbalife Gran Canaria el verdugo nacional. Ambos partidos se jugaron fuera de casa y sirvieron para mantener el suspense una semana más y demostrar que la plantilla no está bien confeccionada así como ciertas decisiones del técnico, Salva Maldonado, distan mucho de ser justas o acertadas.

El pasado martes 14 de noviembre, los pupilos de Maldonado iban a Turquía a enfrentarse al Banvit, en el que era uno de los duelos más destacados de la jornada. Pese al potencial interior de los turcos, los madrileños sabían que podían hacer mucho daño desde fuera del perímetro. Pero no hubo suerte: de nuevo volvieron a fallar algunas cosas que no deberían (casi a finales de noviembre) fallar. El vendaval ofensivo que fue el club colegial en el primer cuarto (17-24) se diluyó en un segundo cuarto en el que se llegó a alcanzar un parcial en contra de 16-0 desde el comienzo de los segundos 10 minutos. Tras 40 minutos, el resultado se decantó a favor de los locales con un 82-80, gracias a un triple de Cook que puede servir para la vuelta. El jugador más destacado, en el bando colegial, fue Landesberg, que terminó el encuentro con 31 puntos y un 6/12 en triples. Le secundó Alec Brown (que perdió el balón que pudo haber servido para acabar igualando el partido y forzar la prórroga) junto al buen dirigir de Omar Cook y la siempre útil ayuda de Savanè.

Y ayer, domingo 19 de noviembre, se jugaba otro partido, “a priori” complicado, contra uno de los mejores equipos de la ACB. En esta circunstancia, las cosas casi salieron bien, pero todo se torció en un último cuarto en el que los pupilos de Casimiro hicieron valer su experiencia y no sólo recortaron la desventaja que, pocos minutos antes del final, llegó a ser de +7 para los visitantes (83-90). La victoria la terminaron por decidir Eulis Báez y el excolegial Balvin para alargar la maldición otro año más (y van 12). Los más destacados del cuadro azulón fueron Brown, Landesberg y Vicedo.

¿Las conclusiones? Sencillamente, el sistema propuesto por Maldonado de abusar del triple no termina de calar. En la mayoría de partidos, los porcentajes de tiro más allá de los 6,75 metros es paupérrimo y la selección de tiro suele ser, en muchas ocasiones, muy forzada. Cuando se ha intentado jugar por dentro y probar a mover más el balón también se han conseguido puntos. La segunda conclusión viene junto a la primera: la confección de la plantilla, este curso, ha dejado muy vulnerable el juego interior. El único pívot puro del equipo es Arteaga, un jugador que no cuenta con la confianza suficiente por parte del técnico para poder cumplir con su labor. El martes terminó el partido expulsado por faltas en poco menos de 10 minutos. Es cierto. Pero no es menos cierto que en alguna de esas faltas tuvo que cubrir el hueco que dejaban compañeros, como fue el caso de Landesberg. Y contra un equipo que destaca precisamente por su juego interior, no puedes permitirte el lujo de dejar libre a ninguno de sus interiores. Aquí también aparece la figura de Savané, un jugador que disfruta de unas condiciones físicas envidiables pero que tiene 40 años. Comenzó la temporada con un rol más de enlace entre plantilla y cuerpo técnico que como jugador con el que contar y, al final, con las ideas que Maldonado está intentando poner en liza, está siendo más un revulsivo y un jugador importante en la rotación, cuando no iba a ser más que un parche en este curso. Tampoco ayuda mucho que Landesberg sea el único que pueda y se atreva a asumir la responsabilidad de llevar el peso anotador. El curso pasado vivimos una circunstancia extraña, pues Edwin Jackson salvó muchísimos de los encuentros y terminó como segundo en la lucha por el MVP. Landesberg no es Jackson, está claro, y eso debe verlo Maldonado. El curso pasado el experimento salió mejor de lo esperado y tentar a la suerte con otro curso en el que todo el peso recae sobre un sólo jugador es peligroso. Es cierto que está Brown (que este año está demostrando el porqué de su renovación), pero nada más. Por último, la forma de gestionar los minutos y las oportunidades de los jóvenes resulta muy frustrante. Brizuela y Arteaga son el caso más claro de lo que sucede cuando un entrenador se empeña en machacar a sus jugadores. No digo que un entrenador no deba aplicar su criterio, pero no termina de entenderse por qué con ellos (y en menor medida con Vicedo) se muestra tan exigente y con otros, como es el caso de Caner-Medley, parece no haber ningún tipo de reacción, y más cuando es un jugador que viene pasado de rosca, que no está a un nivel decente y que sigue acaparando mucho el balón y en muchas jugadas, sin olvidar las minutadas de las cuales dispone siempre que juega.

Un equipo que no va a tener problemas para salvarse (hay cuatro equipos con muchas más posibilidades de descender que Estudiantes) y que, probablemente, no tenga ningún sobresalto real para terminar la temporada. Es algo que se agradece en una Liga en el que las diferencias entre los de arriba y los de abajo son enormes y en el que cada partido se suele antojar como una final. Pero siempre queda en el aire la sensación de que hay plantilla para hacer algo más, para, al menos, pelear por entrar en Copa o ser más competitivos en Europa. También, la afición y el espectador medio, ven y valoran como con confianza, los jugadores jóvenes deberían tener más protagonismo. Hoy Vicedo ha sido fundamental para casi sacar la victoria de una cancha como la de ‘Granca’, e irá, junto a Arteaga, con la Selección a disputar las ventanas. Parece increíble que en la rotación que propone Maldonado, además, Dago Peña tenga más peso que el propio Brizuela, cuando el talento y, en muchos partidos, los resultados de uno y otro son tan dispares.

Sea como sea, la semana que viene volvemos a la carga, de nuevo, y con las mismas ganas e ilusión que cada jornada. Porque, como canta el lema de la Demencia, “derrota tras derrota a la victoria final”, por muy difícil que nos lo pongan.